25 Festival de Ajedrez de Playa Unión. BODAS DE PLATA
del 8 al 11 de Febrero de 2007.

Mensaje por las Bodas de Plata de Alejandro Moretti.

Al Maestro con Cariño…

 Toda una vida dedicada a la pasión por el ajedrez, toda su existencia entregada a la formación de docentes y toda una eternidad al servicio de la enseñanza del ajedrez.

 “Maestro de maestros” no es solo un halago sino un justo reconocimiento a sus méritos y a su entrega incondicional de tantas décadas al servicio de los demás y a la “excelsitud de su obra” como incomparable ofrenda de su huella por este mundo de trebejos, estrategias y táctica ajedrecísticas, regodeándose por encontrar la jugada magistral en cada movimiento siendo su horizonte la búsqueda de la excelencia en el arte de lo lúdico.

Hoy, después de 36 años en permanente comunicación con él y con su familia, como no estar presente junto a mi mentor y querido tutor Jorge Laplaza en este homenaje de sus ex-alumnos.

 El filósofo peruano Claudio Javier Cedeño afirma que “es necesario que tomemos consciencia de nuestra historicidad” porque todos, absolutamente todos somos seres históricos, no somos seres temporales, como muchas veces creemos, somos los que escribimos la historia de nuestras familias” Por tal motivo, es necesario hacer un poco de historia para conocer y resaltar la trascendencia de quien hoy es homenajeado.

 Allá por el año 1970 conocí a Jorge Laplaza y fue un hecho significativo que cambió el rumbo de nuestras vidas, mía y de muchos amigos, que al presente testimoniamos nuestra gratitud al maestro.

 Para un grupo de chiquillos que sólo jugábamos fútbol y matábamos las horas de ocio con diversiones infantiles, de pronto, nos encontramos con el Círculo de Ajedrez de Villa Martelli, por entonces, un ámbito demasiado cultural para nuestras incautas mentes. Sin embargo, la curiosidad pudo despertarnos de ese letargo de corridas, juegos y travesuras barriales.

 A pesar de que este afamado club se encontraba a la vuelta de mi casa, jamás me había interesado en enterarme de que se trataba este juego, desconocido para muchos de nosotros, llamado ajedrez. Recuerdo que fue el apreciado José Rubinstein quién nos recibió por primera vez y nos invitó a concurrir y como era gratis aceptamos este convite.

 Pasaron algunos meses y el comienzo del año 1971 nos condujo a que aprendiéramos el “juego ciencia” con el nuevo profesor que comenzaba sus clases en el club, y efectivamente fue Jorge Laplaza quien abrió nuestros ojos al mundo.

 Mis nueve años retratarían físicamente -a este singular hombre- con una inmensa frente, unos imponentes anteojos y su tupida barba, característica juvenil de esa maravillosa década. Una persona culta y de una refinada Inteligencia que pese a nuestra inicial ignorancia, con su magnetismo docente, nos motivaba a través de sus entrañables enseñanzas y de sus novedosos métodos pedagógicos a querer aprender más y más.

 Llegada mi adolescencia por los años 80, nos separamos por un tiempo ya que dejé de jugar profesionalmente al ajedrez y Jorge Laplaza fue nombrado por el diario La Nación como periodista para comentar el match de ajedrez por el título mundial entre Karpov y Korchnoi en Baguío, Filipinas y más tarde en Merano, Italia.  

La ausencia física no fue, sin embargo, alejamiento espiritual porque esporádicas pero largas conversaciones en Buenos Aires y sostenidas correspondencias fortificaban nuestra sólida relación de maestro y de alumno.

 Nos reencontramos en el año 1982 en su provincia de radicación, Chubut, para que iniciáramos un proyecto de enseñanza del ajedrez en Rawson en forma conjunta. Así lo hice y compartimos innumerables clases y valiosas experiencias educativas en esta apreciada provincia. Más tarde en 1986 regresé definitivamente a Buenos Aires con todo el bagaje de lo que pude aprender con él y hoy a la distancia seguimos mancomunados con nuestra pasión por la docencia.

 El maestro Jorge Laplaza fue el despertador de nuestras conciencias y el promotor de mostrarnos la diversidad de sendas que la vida siempre nos ofrece y gracias a él, descubrimos verdaderos senderos que más tarde se hicieron nuestros caminos.

 Como mencioné anteriormente “somos seres históricos que estamos haciendo la historia” de nuestra existencia y Jorge Laplaza sigue siendo para todos nosotros el “formador de formadores”, ejemplo de entrega incondicional de su labor, de su pasión por la enseñanza y de su vocación por educar, con el único (sólo) requisito de que alguien quiera aprender a jugar al ajedrez.

 Claudio Cedeño asevera que “para hacer, para ser y para existir en la consciencia de los demás en cualquier dimensión de la vida es necesario una incesante laboriosidad”. […] Tanto en la prédica como en el ejemplo didáctico de aquello que aspiramos a transmitir. No basta enunciar un par de veces los principios que deben regir nuestra conducta; no, hay […] que demostrar con las palabras y con las acciones los principios que debemos practicar”

 Quienes hemos seguido de cerca la trayectoria de Jorge Laplaza sabemos que consagró y consagrará su vida -hasta el último aliento que le quede- para hacer, para ser y para existir a través de su obra magisterial y de su legado fusionado al ajedrez.

 Los que te conocemos, compartimos tu amistad y caminamos la vida juntos, podemos dar testimonio que con tu entrega incondicional al ajedrez has logrado quedar en el “alma mater” de muchos ajedrecistas.

 Para  todos nosotros: alumnos, ex-alumnos, discípulos y amigos, eres el abanderado del ajedrez argentino, “el maestro de los maestros”, que has hecho escuela y cosechado muchos seguidores que te quieren y admiran, que hemos aprendido y crecido con tus palabras, consejos y devoción constante.

  En estos 25 años del Festival de Ajedrez de Playa Unión permítenos halagarte como el gran maestro en el arte de la enseñanza del ajedrez que quedará siempre tallado en nuestros corazones por todo lo que nos ilustraste.

 ¡Al Maestro con mucho cariño, eternamente gracias!

                                                                                                               Alejandro Moretti