EL SOCRÁTICO SEÑOR LAPLAZA  

Mario Manuel Anaya

                       "Aquel que le enseña a un niño, es como si lo hubiera creado."  
                                                                                               (Talmud)

 INTRODUCCIÓN.

    Igual que Sócrates, se apartó del camino marcado para cincelar su propio destino. (El verbo no es casual: Sócrates “tenía” que ser escultor)

    Jorge dejó inconclusa una carrera universitaria, casi terminada, e inició su búsqueda, trocando la pulcritud natural en él, por provocativos cabellos y barbas como los que lucían los representantes más avanzados de los movimientos juveniles de la época. Un verdadero esperpento (yo lo vi). Imaginemos al padre, Francisco Pedro Laplza, para colmo decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, preocupado y dolorido por la conducta de su hijo…Es lo más probable; pero ¿y si no fue así?

  ENSAYO I

    El padre de Sócrates, Sofronisco, decidió consultar, como era costumbre entre los griegos, a un oráculo. Dirigiéndose a un Dios, Apolo, le interrogó:

    -¿Qué debo hacer con mi hijo?

    El dios le respondió:

    -No te preocupes por Sócrates. Déjale que haga lo que mejor le parezca. No le fuerces ni desvíes. Da rienda suelta a sus inclinaciones.

  INFORMACIÓN

    Incansable trotamundos, la mochila dejó paso nuevamente al saco y la corbata para ir a Baguío (Filipinas) como enviado especial del diario La Nación. Tenía entonces 34 años, y su juventud no le impidió cubrir con solvencia el match por el campeonato mundial entre Karpov y Korchnoi.

  CONFERENCIA I

    El 17 de marzo de 2005 asistí a una conferencia que dio Jorge Laplaza en mi club, el Club Philidor, de Morón. Llegó retrasado; venía de un homenaje a Panno por su cumpleaños, y se sentó a descansar unos minutos. Su salud y especialmente su vista no están bien, y tampoco pasaba por su mejor momento “el equipo” amplificado del sonido. A poco de comenzar la charla, Laplaza debió prescindir del auxilio técnico, pero su pequeña voz fue creciendo, y con su aspecto milagrosamente recuperado fue imponiendo a todos un discurso ameno y sencillo, afable y con toques de humor. Recuerdo, por ejemplo, lo que sigue:

    Isaías Pleci, campeón argentino y representante olímpico en la década del ’30, se retiró tempranamente del ajedrez para atender su trabajo en Terrabusi. Al jubilarse reapareció fugazmente, lejos ya del protagonismo de aquellos días. Una tarde, en la Editorial Sopena, analizaba una partida que había llevado Laplaza, y al llegar a una posición determinada debía encontrar la mejor continuación. Rápidamente, como era su costumbre, hizo un movimiento y explicó el plan ganador. Laplaza, luego de escucharlo, volvió a colocar las piezas y le pidió que buscara otra jugada. “¿Para qué?”, se resiste Pleci, aunque termina aceptando la ocurrencia. Y así una tercera vez. Y otra más, Y ya al borde del fastidio, el viejo maestro se asombrará al descubrir una movida que antes no había visto y que era superior a todas.

  ENSAYO II

    -¿Crees que he tratado de confundirte con preguntas capciosas? –dijo Sócrates.

    -Así es, pero no permitiré que saques ventaja –respondió Trasímaco.

    -No me propongo engañarte, querido amigo.

    -En lugar de enseñar prefieres ir aprendiendo de unos y otros, sin agradecérselo a nadie.

    -Tienes razón en lo de aprender de los demás, Trasímaco, pero te equivocas al afirmar que no lo agradezco.

  CONFERENCIA II

    Al público que sigue atentamente sus palabras, Laplaza recomienda la lectura de la obra de Edgard de Bono “Lateral thinking”. La conclusión para este tramo de la charla es que no debemos realizar una jugada sin antes considerar todas las alternativas posibles.

(Obsecuente, acompaño con un gesto de asentimiento, aunque en realidad pienso que así perderé por tiempo).

    El conferenciante, siempre de pie, ahora con una mano en el bolsillo, muy canchero, locuaz y sin dar muestras de fatiga, pasa a desarrollar el tema de la enseñanza del ajedrez desde los primeros años, la posibilidad de cuantificar lo aprendido (uno, medio o cero; es decir ganar, empatar o perder), y el valor agregado de la creatividad de los niños.

    Como el griego, Laplaza busca la verdad preguntando, y no acepta que sus alumnos respondan “no sé”.

  ENSAYO III

    -El verdadero conocimiento, mi joven amigo –le está hablando a Platón-, está enteramente dentro de nosotros. Si tú me dejas puedo ayudarte a que tú mismo lo descubras.

    -¿De qué manera?

    -Mi madre, Fenaretes, era una de las mejores parteras de la ciudad, y yo no hago más que seguir su oficio.

    (A este método lo llamo mayéutica. Más que trasmitir un saber prefiere provocar su búsqueda).

  CONFERENCIA III

    También tocó el tema de los políticos y de los magros presupuestos que se destinan para la educación, y aunque lo hizo a través de la ironía socrática no se los vio muy cómodos a un par de funcionarios municipales que habían sido invitados.

  ANTICIPACIÓN (PARÓDICA)

Rawson (Chubut), año 2015.

    El neosocrático Laplaza se zampó parte del contenido del vaso y no tardó en advertir que el veneno comenzaba a roer sus entrañas.

    -Critón –llamó, haciendo un último esfuerzo.

    El aludido respondió de mala manera:

    - Ya sé; le debemos un gallo a Esculapio –y aprovechando que al viejo se le había nublado la vista hizo un gesto obsceno con las manos, antes de agregar: -mañana se lo llevo.

    Un calambre obligó al maestro a sentarse. Fue en ese momento cuando un discípulo repiola, el enano Aristodemo, se acercó al moribundo y poniéndose en puntas de pie le dijo algo al oído. El viejo maestro abrió un ojo y le contestó. El joven habló nuevamente. El anciano meditó unos instantes y abrió el otro ojo para replicarle. Insistió el muchacho y ahora el viejo comenzó a incorporarse, seguro de poder sostener una prolongada conversación sobre…¡ajedrez!

    Antes, con gesto burlón, alzó el vaso como si brindara, y luego bebió calmosamente lo que quedaba de la Cicuta Diet.

  JUICIO FINAL Y RECOMENDACIÓN.

    Jorge Nicolás Francisco Laplaza: inmenso hombre ético, excepcional educador, partero de la verdad, para él la filosofía no es una profesión sino una forma de vida. Les recomiendo que pasen por la página web para encontrar la verdadera historia de este absoluto número uno de la enseñanza del ajedrez.

                                                                                               Ramos Mejía, enero de 2006.