Psicogénesis
y Didáctica del Ajedrez en el Nivel Inicial
por
el
Lic. Hugo
Rodrigo Mas.
Psicólogo.
Prof. del
Equipo de Ajedrez en Nivel Inicial.
Dirección del Área
de Educación Inicial.
Secretaría de
Educación
Gobierno de la
Ciudad de Bs. As.
Características del pensamiento según Piaget.
Marco General
En su interés
por investigar las formas en que se produce el conocimiento en general, bajo la
forma del conocimiento que expone sus fundamentos o conocimiento científico, Jean Piaget (1896-1980) pudo encontrar analogías
y regularidades comunes entre los diferentes momentos, niveles o estadios
de lo que llamamos conocimiento: el nivel de la biología/organismo, el nivel del pensamiento infantil y el nivel del conocimiento científico. Si bien cada uno de estos niveles tiene
aspectos específicos, lo que Piaget encuentra y expone son una serie de
mecanismos comunes y la idea de una secuencialidad de estadios, o de sucesión
de estructuras que se incluyen unas a otras con aumento de complejidad, a
partir de mecanismos universales: “se
llama secuencial a una sucesión de estadios en que cada uno es necesario, en la
que cada uno es, pues, resultado necesariamente del anterior (...) y prepara el
siguiente.”1. Por lo tanto, en primer lugar, Piaget está
interesado en brindar respuestas a preguntas epistemológicas, desde lo que
llama una epistemología genética, en
función del énfasis puesto en los mecanismos históricos de producción del
conocimiento, pero con un detalle específico en el movimiento de las
estructuras o estadios: es por esa razón que Piaget es considerado un pensador estructural constructivista.
Se puede
representar este proceso de génesis
constructiva del conocimiento a través de una serie de preguntas que
reflejan la secuencialidad del mismo :
¿cuál es la
forma de relación del organismo con el medio?
¿cómo se
produce el conocimiento en el niño?
¿cómo se
produce el conocimiento científico?
las cuales definen
los tres estadios del modelo del programa de la epistemología genética: a)organismo-biología,
b) niño-inteligencia, c) ciencia.
En cada uno de
estos niveles del programa encontraremos nociones teóricas e instrumentales
comunes: adaptación, asimilación y acomodación, coordinación y equilibrio de
estructuras, descentración y paso a la objetividad.
El programa de
la epistemología genética, desde el pensamiento de Piaget, va a estar marcado y
determinado por corrientes de pensamiento filosófico y epistemológico tan
determinantes como el evolucionismo darwiniano, el racionalismo kantiano, y,
desde sus conclusiones, por la dialéctica hegeliana.
Si bien Piaget
no fue un educador, y poca de su literatura estuvo dedicada a cuestiones
pedagógicas, es indudable la impronta que ha dejado en el terreno de la
educación y los criterios de estructuración de la enseñanza escolar.
Marco Específico
En lo que
corresponde al nivel del desarrollo del pensamiento individual, éste resulta de
un proceso de continua construcción con la idea de estadios o etapas sucesivas,
proceso en el cual el estadio superior es consecuencia del desarrollo y
despliegue del anterior, al tiempo que lo suprime, conservándolo como un
aspecto de su propio funcionamiento. Es decir que cada etapa se forja sobre
la posibilidad construida por la anterior y sienta las bases de la siguiente.
Por lo tanto, para Piaget, el proceso de construcción de la inteligencia deberá
ser estudiado como un proceso genético
estructural desde el nacimiento del individuo, observando su desarrollo
durante la niñez y la adolescencia.
Uno de los
aspectos centrales de la psicología y epistemología genética es que, en lugar
de privilegiar las representaciones o ideas (como se puede ver en las
concepciones idealistas), lo va a hacer con las acciones efectuadas por los niños sobre los objetos de la realidad.
Y va a concebir el proceso de desarrollo de los conocimientos como una
construcción a partir de las acciones.
Más específicamente, el conocimiento es
una construcción adaptativa en la cual el organismo se adapta al medio
apropiándose del mundo a través de su actividad sobre el mismo, y mientras lo
transforma, se transforma a sí mismo en su posibilidad de conocerlo, creando
hipótesis sobre los objetos de su mundo, y a los objetos estímulo del mundo que
lo rodea les da significación de acuerdo a los instrumentos de conocimiento que
posee (con esto también se diferencia de las posiciones puramente empiristas o
conductistas).
Para
recapitular: el conocimiento es un proceso adaptativo, de construcción mediante
la acción sobre la realidad, a partir de ciertos instrumentos con que el sujeto
cuenta o que ha construido, y en el cual las ideas o representaciones sobre los
objetos son una consecuencia de todo ese proceso (constituyéndose a su vez en
bagaje instrumental para el sujeto que conoce).
La pregunta
siguiente debería ser: ¿cuáles son esos instrumentos con que el sujeto (en este
caso el niño, desde el momento del nacimiento) cuenta para realizar acciones en
la realidad que lo rodea?.
Esos
instrumentos son los esquemas de acción.
Un esquema de acción es una acción llevada a cabo sobre el mundo, o un conjunto
de acciones llevadas a cabo sobre el mundo, de modo tal que esas acciones sean
generalizables a distintas situaciones. De esa manera permiten al sujeto
incorporar a los objetos a su propio funcionamiento. Esto es lo que se llama asimilación, y la asimilación es lo que
produce en el sujeto la significación de la realidad. Por ejemplo, el
acto de tomar un objeto con la mano en un bebé constituye un esquema de acción
en el cual se coordinan esquemas relacionados con la visión, el tacto, la
motricidad, etc. Al principio la conducta activa va a estar constituida por
tanteos sucesivos hasta conseguir tomar el objeto. La misma experiencia que
coordina esos esquemas, se puede constituir en un esquema que sirva de base
instrumental para posteriores acciones.
La
contrapartida complementaria de la asimilación es la acomodación, esto es, el organismo/mente, frente a la acción
asimiladora sobre un determinado estímulo sufre transformaciones, es decir, se
acomoda a ese estímulo u objeto. El sujeto se transforma como consecuencia de
ese proceso de asimilación. Del equilibrio
entre asimilación y acomodación surge un nuevo esquema.
Justamente,
para Piaget, el proceso de evolución del niño y adolescente se define a partir
de la idea de equilibrio y del desarrollo mental como una construcción
continua.
Este proceso de
equilibrio se desarrolla a partir de dos aspectos complementarios: por un lado
una serie de estructuras variables que reflejarán la forma del pensamiento, y
por otro lado la idea de un funcionamiento constante, definido por el pasaje de
un nivel a otro en una sucesión de estadios.
Desde un punto
de vista muy general, se pueden describir, en el desarrollo de la inteligencia,
tres grandes períodos:
1) sensorio
motriz
2) egocéntrico
3) operatorio
En el primer
período, el sensorio motriz, la
forma del pensamiento está determinada predominantemente por la acción pura del
sujeto sobre los objetos de la realidad exterior, a partir de los instrumentos
provistos por los sentidos (percepción) y los movimientos elementales, y bajo
la forma de acciones reflejas y tendencias instintivas. Posteriormente, la
coordinación de los esquemas perceptivos y reflejos permite la configuración de
hábitos motores, así como las primeras percepciones organizadas, y el esquema
definido es el de la memoria práctica. Todo esto da lugar a la inteligencia
propiamente sensorio motriz, cuyo instrumento o esquema puede definirse como
inteligencia práctica. Todo este período se extiende desde el nacimiento hasta
el año y medio o dos años. Se puede decir entonces que en este período el
pensamiento está determinado por la acción pura: el sujeto conoce en la medida
en que puede operar materialmente sobre él. El yo del niño es en tanto que
puede incorporar los objetos a partir de la
experiencia material. El logro intelectual de este período es el
denominado grupo práctico de los desplazamientos, y en el mismo se
coordinan los distintos esquemas anteriores relacionados con los reflejos, los
hábitos, y especialmente la noción o esquema de permanencia del objeto a nivel
perceptivo. Este es condición de posibilidad para el desarrollo de las
estructuras de pensamiento posteriores.
El segundo gran
período es el de la inteligencia
intuitiva ó egocéntrica, y es en
el que aparece el lenguaje como forma de relación con la realidad y como
instrumento esencial de adaptación. Una
vez que el sujeto está en condiciones de conocer al objeto a partir de la
acción motriz “en presencia”, la función semiótica y el lenguaje van a
determinar la forma de relación con la realidad objetiva, y van a permitir
representarla en ausencia. Uno de los modos característicos del pensamiento en
este período -que va de los 2 a los 7/8 años- es el juego. En primer
lugar el juego simbólico, en el cual la realidad va a resultar ficcionada por
el niño, y más tarde el juego de reglas (en el período sensorio motor ya hay
una primera forma del juego que es el juego de ejercicio, donde la acción
motriz asimiladora se encuentra acompañada del placer por realizarla). Los
juegos de reglas son incorporados a partir de la transmisión social, y cobran
importancia por su característica de experiencia mental y a la vez de
vinculación interindividual. Posteriormente se desarrollan los juegos de
construcción, los que se constituyen como verdaderas soluciones de problemas y
creaciones inteligentes. De esta manera los objetos de la realidad han de ser
asimilados al yo desde los esquemas representativos con que ahora cuenta, por
ejemplo la capacidad de crear desde la fantasía. La experiencia activa sobre
los objetos es ahora más “interior”: el pensamiento se ha descentrado de la
realidad objetiva, la función semiótica ha desligado el pensamiento de la
acción, y se ha recentrado en el yo, creando la representación: es decir, el
pensamiento se ha tornado egocéntrico, y el objeto de la realidad es
significado por la representación mental del mismo.
El tercer período
comienza aproximadamente hacia los 7 ú 8 años, y se denomina período de las operaciones. Se pueden separar a su vez
dos subperíodos: operatorio concreto, y operatorio formal ó lógico.
En este período el sujeto ya está en condiciones de realizar una representación
del objeto en ausencia del mismo, y como consecuencia de esa producción se
puede representar a sí mismo como sujeto que se vincula con otros sujetos. El
trabajo de este período exigirá llegar a la constitución de un sujeto que se
encuentra entre otros sujetos, y por lo tanto deberá descentrarse de su
egocentrismo para colocarse como sujeto en un mundo de objetos: deberá
recentrarse en un mundo de objetos sobre el cual operar con la acción, no ya
representada por la inmediatez de la percepción ni por la fantasía creada a
partir del juego simbólico, sino una acción interiorizada y que puede exponerse
desde sus vinculaciones lógicas.
Las operaciones
son definidas como todas aquellas
transformaciones determinadas por
reversibilidad e identidad
(bajo la forma de la inversión o
reciprocidad): “las acciones se
hacen operatorias desde el momento en que dos acciones del mismo tipo pueden
componer una tercera acción que pertenezca todavía al mismo tipo, y esas
diversas acciones pueden invertirse o ser vueltas del revés”2.
En un primer momento las operaciones se refieren siempre a objetos presentes
sobre los cuales materializar la acción, y por eso se denomina concreta, para
desembocar al final del período en operaciones lógicas ó formales, en las cuales
el sujeto puede, además de evocar representativamente al objeto, reflexionar
acerca de sus transformaciones a partir de la creación de hipótesis.
Este período de
las operaciones se caracteriza por la construcción de las nociones o esquemas de conservación, condición
necesaria de las transformaciones operatorias. Los esquemas de conservación
siguen un desarrollo en el cual hacia los 7 ú 8 años se logra la conservación
de sustancia, hacia los 9 ó 10, la conservación de peso, y hacia
los 11 ó 12 la conservación del volumen.
Las invariantes físicas son
históricamente posteriores a la construcción de las nociones lógico
matemáticas, determinadas por los esquemas de conservación de estadios
anteriores.
Estas
invariantes logran liberar la representación de la realidad de sus apariencias
figurativas, propias del egocentrismo y recentrarlas nuevamente en las
características del objeto, el cual es representado ahora desde sus
vinculaciones lógicas. El sujeto realiza ahora una construcción reflexiva sobre
el objeto “llega a desprenderse de lo
concreto y a situar lo real en un conjunto de transformaciones posibles”3;
mientras “el pensamiento concreto es la
representación de una acción posible, el pensamiento formal es la
representación de una representación de acciones posibles (...) estas
operaciones formales, no son otra cosa, por lo tanto, que las mismas
operaciones, pero aplicadas a hipótesis o proposiciones”4. El
pensamiento operatorio ya formal, característico de la adolescencia, se
presentará en la capacidad para crear verdaderos sistemas de pensamiento, con
todo lo que esa noción implica acerca de la coordinación de juicios lógicos y
anticipación de la experiencia sobre los objetos de la realidad.
El pensamiento del niño de cuatro y cinco años
Nos encontramos
con niños que fundamentalmente están
atravesando lo que Piaget ha llamado el período de pensamiento egocéntrico, el cual ya hemos descripto brevemente.
Se trata de
niños que en general han ingresado en el universo simbólico posibilitado
por el lenguaje y la función simbólica (que indudablemente preexisten y
han de ser condición de su incorporación al “universo de ley” de las relaciones
sociales), y por lo tanto el marco de referencia para significar la realidad es
“su propio punto de vista”: a partir de la coordinación y equilibración de los
esquemas sensorio motrices, éstos son utilizados como recursos actuales para
asimilar la realidad exterior y significarla desde la fantasía, el juego, el
lenguaje: se trata del pensamiento intuitivo, a partir del cual el niño
imita las acciones reales mediante experiencias mentales imaginadas. Se trata
de una etapa de transición entre el pensamiento preoperatorio y el operatorio
concreto: “la intuición sigue siendo
fenoménica, ya que imita los contornos de lo real, sin corregirlos, y
egocéntrica, porque constantemente se halla centrada en función de la acción
del momento: carece por ello de equilibrio entre la asimilación de las cosas a
los esquemas de pensamiento, y la acomodación de esos esquemas a la realidad.”5.
Sin embargo, el pensamiento intuitivo, al no estar tan ligado a la inmediatez
de la experiencia perceptiva, y determinado por la representación simbólica (a
través del juego, la expresión gráfica, la fantasía) favorece la posibilidad de
rodeos e intentos de regulación. Ya se vislumbra una tendencia hacia la
reversibilidad, la cual se ha de lograr cuando se produzca la descentración del
propio punto de vista y la coordinación de puntos de vista diferentes, y por lo
tanto ajenos a la propia subjetividad, dando también lugar a la cooperación.
Una de las
características de esta edad es la construcción de la realidad a través del juego.
Desde el momento en que el niño ingresa en el universo del lenguaje lo hace, de
alguna forma, en el mundo de los adultos,
cuyos intereses y reglas le son aún exteriores, pero de los cuales ya no
puede sustraerse . Por lo tanto el juego, desde su diferentes formas, pasa a
ser la forma de asimilar lo real al yo “sin coacciones ni sanciones: tal es el juego, que transforma lo real
por asimilación más o menos pura, a las necesidades del yo”6.
Desde este
punto de vista nos encontramos con niños con esquemas sensoriomotrices ya
consolidados, incorporados al lenguaje, en pleno período de juego simbólico (en
el caso de los cuatro años), y juego de reglas (cinco años). Teniendo en cuenta
la progresión de estadios psicogenéticos se trata de niños
preoperatorio/egocéntricos.
Ajedrez en el Nivel Inicial. Didáctica y Psicogénesis.
Precisamente,
desde hace ya varios años nos encontramos abordando la enseñanza del Ajedrez en
el Nivel Inicial, en salas de cuatro y cinco años, predominantemente las
de cinco años7. Esta experiencia ha debido diseñar, a partir de la
misma experiencia de trabajo con los niños una didáctica que pudiera vincular
al juego de ajedrez con las capacidades y recursos de niños en edad
“preescolar”. Indudablemente que los aportes de la epistemología y psicología
genéticas han debido dejar su impronta en esta producción, de la misma manera
en que lo ha hecho en la didáctica en general (la cual no ha ahorrado un
profundo trabajo de elaboración y ajustes, debido a la naturaleza de
fundamentación epistemológica del pensamiento piagetiano). Uno de los aportes
más importantes en este sentido lo han logrado las investigaciones acerca de la
construcción de los sistemas de
escritura en el desarrollo del niño, desarrolladas por Emilia
Ferreiro, Ana Teberosky y sus equipos, en la década del ‘70. Estas
investigaciones, inspiradas en los conceptos piagetianos acerca de la
psicología genética y de la construcción del conocimiento en el niño, han
tenido consecuencias de gran relevancia en la forma de concebir el proceso de
enseñanza-aprendizaje de la lectoescritura.
Y seguramente
la reflexión acerca de estas cuestiones es la que ha motivado una de las
preguntas propuesta por los organizadores de este Congreso:
¿Es posible el enfoque psicogenético de Emilia Ferreiro en la enseñanza
del ajedrez?.
Este trabajo no
pretende dar respuesta a esta pregunta, puesto que la misma requeriría un
enfoque más amplio acompañado de datos concretos y conclusiones más o menos
elaboradas. Sin embargo trataremos de acercar algunas ideas acerca de los temas
involucrados en la pregunta junto con
la descripción de nuestras experiencias en la presentación del juego de ajedrez
en salas de cuatro y cinco años de educación inicial en establecimientos
públicos, con la finalidad de poder empezar, al menos, por unas preguntas que
nos acerquen un poco más al tema.
En primer lugar
es necesario hacer algunas precisiones sobre la “psicogénesis de la lectoescritura”.
Las
investigaciones de Emilia Ferreiro y
su equipo se enmarcan en una controversia acerca de los métodos de enseñanza y
aprendizaje de la lectura y la escritura en la cual las dos corrientes
predominantes consideraban o bien el predominio de los aspectos visuales o bien
los sonoros en el aprendizaje del lenguaje escrito; por un lado el predominio
de unidades mínimas de aprendizaje, por el otro la concepción de la escritura y
lectura como actos globales . Es decir que ambas corrientes se diferenciaban en
función de la estrategia perceptiva que consideraban como predominante. Pero
coinciden en aspectos generales: consideran que el aprendizaje de la lectura y
escritura es una cuestión de métodos tendientes a la reproducción de una
técnica. La lectura y escritura se transmiten, según estas corrientes, mediante
un método de enseñanza el cual posibilita el aprendizaje de la técnica por
parte del niño.
Lo que estas
concepciones no toman en cuenta son, principalmente, dos elementos relevantes:
la competencia lingüística del niño
y sus capacidades cognoscitivas.
Desde la
perspectiva “psicogenética” el niño ya posee un conocimiento muy rico
acerca de la lengua escrita, puesto que vive en un mundo en el cual la
escritura está presente mucho antes de que se pretenda “enseñarle”. Y el niño
“hace” con esos conocimientos que tiene, tratando de transformar por su cuenta
esos elementos a fin de que le sirvan para significar y utilizar las palabras
que lo rodean: “aparece un niño que trata
activamente de comprender la naturaleza del lenguaje que se habla a su
alrededor, y que, tratando de comprenderlo, formula hipótesis, busca
regularidades, pone a prueba sus anticipaciones y se forja su propia gramática”8.
Los errores en la reproducción oral o escrita del lenguaje, en la medida en que
se sistematizan, pasan a ser considerados errores constructivos, momentos
lógicos necesarios en el proceso de construcción de la lengua escrita. Las
formas de la percepción de la lengua pasan a integrarse como aspectos de un proceso mucho más complejo en el cual
la lengua escrita es considerada y reconstruida como un sistema: el proceso de
aprendizaje en general y de la lectura y escritura en particular “no pasa por la adquisición de elementos
aislados que luego se irán progresivamente ensamblando, sino por la
constitución de sistemas, donde el valor de las partes se va redefiniendo en
función de los cambios en el sistema total”, 9.
¿Cuales son, por
un lado, aquellas competencias acerca del lenguaje que ya tienen los niños?,
¿qué es lo que ya tienen como saber acerca de la lengua escrita y leída?. Los
elementos del lenguaje que los niños poseen en su saber se refieren
fundamentalmente a categorías del lenguaje (lo escrito son nombres), a condiciones
gráficas de los escrito (la lectura exige una cantidad mínima de caracteres), y a los contenidos
de lo escrito, los soportes y tipos de texto (en los diarios no se
leen cuentos sino noticias, en los cuentos se leen cosas que no pasan de
verdad). Con estos elementos los niños construyen verdaderos sistemas de escritura y lectura,
generando sus propias ideas acerca del acto de leer y escribir. Estos sistemas
construidos por los niños van a funcionar a la manera de los esquemas de
acción, condiciones necesaria para nuevas adquisiciones. La lengua escrita es
construida por la actitud activa del niño a partir de las competencias con que
ya cuenta. Eso no significa que puedan llegar solos a construir las reglas de
producción de la lengua escrita, pero ese trabajo constructivo activo establece
las bases para la asimilación de las reglas que determinan el lenguaje “normal:
reproduce la historia de producción de la lengua escrita como instrumento de
intercambio de ideas a nivel social a partir de el proceso de apropiación de la
escritura desde el individuo niño.
De esta manera
los procesos de adquisición y producción de los conocimientos dejan de estar
identificados término a término con los métodos de enseñanza. “El método (en tanto acción específica del
medio) puede ayudar o frenar, facilitar o dificultar, pero no crear
aprendizaje. La obtención de conocimiento es un resultado de la propia
actividad del sujeto”10, en tanto la acción es postulada por la
epistemología genética como el origen del conocimiento (incluso el lógico
matemático). El punto de partida para cualquier aprendizaje, desde el punto de
vista práctico, es el sujeto mismo que posee determinados esquemas de
asimilación a su disposición, y no el contenido a ser abordado y ”al inventar una escritura el niño usa
información provista por el medio, pero esa información es siempre procesada a
través de los sistemas asimiladores del sujeto”11.
Ajedrez en el Nivel Inicial
El abordaje de
la enseñanza del ajedrez en el nivel inicial tiene algunas características
diferenciales según se trate de las salas de cuatro o cinco años, pero los
objetivos básicos son los mismos: a la vez que estimular el interés por un
juego que cuenta con una indudable valoración social, y el cual podrán
desarrollar durante la educación primaria, se tiene un interés especial por
utilizar al juego de ajedrez como un instrumento a partir del cual
realizar experiencias de enriquecimiento de las capacidades cognoscitivas y
creativas de los niños, referidas al cálculo, espacio y tiempo, anticipación,
clasificación, estructuras matriciales, memoria, anticipación, y también el
desarrollo de estructuras de regulación grupal y social bajo la forma de reglas
de juego y reglas de cortesía, lectoescritura, etc.
La forma de
abordar este trabajo tendrá en cuenta de manera especial todo lo que se ha
podido señalar más arriba: las capacidades cognoscitivas y las competencias y
saberes con que ya cuentan los chicos.
Se podría decir
que el programa de trabajo de enseñanza del ajedrez en este nivel está
determinado por algunos ejes básicos y esenciales: el espacio real vivenciado y la noción de espacio implicada en el
juego, el contenido ficcional
encerrado en determinados aspectos del juego, las reglas propiamente dichas. Estos ejes no se diferencian demasiado
de los que dirigen seguramente la enseñanza del ajedrez con niños de nivel
educativo primario. Lo que seguramente puede presentarse como particularidad
tendrá que ver con ciertos modos de abordaje, los instrumentos y recursos
didácticos para presentarlos, y la intensidad de la experiencia de construcción
del espacio del tablero como fundamento del trabajo posterior. Estos ejes
didácticos tratan de ser presentados a los niños como recursos instrumentales
como posibilitadores de la acción creativa a partir de los esquemas y
estructuras de conocimiento propias de la edad (en general se trata de niños en
pleno período preoperatorio egocéntrico con esquemas sensorio motores de acción
bien consolidados y la novedad de la significación de la realidad a partir de
las representaciones y el juego) y las llamadas competencias o saberes previos
(conocimiento sobre juegos simples, inicio de la expresividad gráfica, juegos
dramáticos y simbólicos).
Algunas de las
actividades que se presentan a los niños:
·
indagación sobre conocimientos previos sobre juegos simples y el
ajedrez.
·
Presentación de cuentos e historias ficcionales o mitológicas acerca del
juego, sus personajes, orígenes.
·
Muestra de los elementos del tablero a partir de “maderitas” cuadradas,
de dos colores, a la manera de tablero para armar. Experiencia de los alumnos
con ese material.
·
Experiencia de “ajedrez viviente”, primero sobre el espacio del tablero
de piso para reconocer y hacer experiencia corporal de sus elementos (casillas,
líneas, columnas y diagonales), luego a partir del rol y movimiento de las
piezas, relación entre piezas, etc.
·
Experiencia gráfica sobre “grillas” ó cuadros matriciales de 8x8
casillas, en blanco, con consignas de diferente grado de complejidad.
·
Construcción de tableros y piezas a partir de diversos materiales
(papel, materiales descartables, etc.), sobre plano y volumen.
·
Creación de cuentos a partir de lo que van conociendo del juego (en
algunos casos los grupos han llegado a confeccionar diccionarios o manuales de
ajedrez).
·
En muchos grupos han tenido lugar situaciones de reflexión a partir de
aspectos aprendidos del juego: discusión acerca de la valoración de “buenas” ó
“malas” en función del color de las piezas.
·
Identificación de las casillas del tablero a partir de las coordenadas
de letras y números (“el nombre y apellido de las casillas”). En pizarrón, en
tablero de piso y en grillas sobre papel.
·
Movimiento de piezas en tablero de piso.
·
Recorrido de piezas en tablero de piso. “Laberintos” para buscar un
objetivo en el tablero.
·
Movimiento de piezas por referencia al espacio del tablero y sus
elementos. Composiciones de movimientos.
·
Tablero de piso. Recorrido de piezas para capturar piezas enemigas.
·
Primera partida grupal en tablero gigante de piso. Capturas calificadas
con el valor de las piezas. Suma final de valores para determinar ganador.
·
Primera presentación del objetivo del juego: la idea de jaque, jaque
mate, el significado de las palabras jaque y mate. Historias acerca de batallas
(“los caballeros medievales”) relacionándolas con las instancias y situaciones
del juego.
·
Presentación de aspectos relacionados con la historia del juego: el
chaturanga, los cambios (“evolución”) de algunas piezas a lo largo de la
historia (elefante-alfil). Cuentos relativos al tema.
·
Transposición de movimientos de tablero de piso a tablero mural y
viceversa.
Estas son
solamente algunas de las actividades que se desarrollan a lo largo del programa
de trabajo en las salas. Habrá diferencias en cuanto al énfasis en ciertos ejes
ya sea trate de la salas de cuatro o cinco años.
En las salas de
cuatro años (en este momento tenemos
solo una integrada al proyecto) hay un interés especial por las experiencias de construcción del espacio del
tablero por referencia al espacio real, que ya es conocido: el niño comienza a
hacer experiencia y a conocer el espacio real desde que nace; el gran logro del
período sensorio motor lo constituye el grupo práctico de los desplazamientos.
La primera gran
experiencia es la del espacio del tablero de piso (en general referido a las
“baldosas”) donde se recurre a diferentes variables (ubicación y posición en el
espacio: desde el propio punto de vista, desde la relación entre los objetos,
relatividad de las posiciones del objeto en función de diferentes puntos de
referencia, representación, relaciones espaciales en los desplazamientos,
orientación en el espacio, localización de puntos de referencia, consideración
de distancias, representación del espacio real como espacio vivenciado).
Cuando se les
presenta a los niños el “tablero
desarmable”, o las “maderitas” como se las suele llamar, la idea es
experimentar sobre un material concreto a partir del cual construir pequeños o
grandes tableros o sus elementos analíticos. Los niños suelen construir
configuraciones que progresivamente (mediante reestructuraciones y rodeos) se
van acercando al espacio-tablero, pero ese trabajo implica clasificaciones,
rodeos, correspondencias, relaciones entre elementos, construcción de series,
etc., situaciones que se logran en la medida en que los niños cuenten con los
esquemas preparatorios correspondientes. El recurso de las grillas sobre papel es menos “plástico” pero persigue objetivos
similares. En este nivel es aún bastante difícil entrar en aspectos formales
del juego; sólo llegamos al despliegue del movimiento de algunas piezas.
En las salas de cinco años es posible llegar a
desplegar los aspectos más formales previstos en la iniciación al juego, pero
previa o solidariamente cobra gran importancia toda referencia a elementos
simbólicos y ficcionales relacionados con el ajedrez, logrando interesantes
síntesis en la elaboración grupal de cuentos
e historias con elementos ajedrecísticos.
Se puede
arriesgar la idea de que justamente la coordinación de las construcciones
alrededor de lo que podríamos llamar los “esquemas” ó variables espaciales del
juego y las variables simbólicas o ficcionales preparan el terreno para el
abordaje de los contenidos más formales del juego de ajedrez, en tanto hacen
referencia a un “universo” de reglas que lo determina o enmarca.
Hay un aspecto
quizás no del todo considerado cuando se piensa en las formas de abordar los
contenidos objetivos del ajedrez en el nivel inicial: el fin último del juego
de ajedrez es el jaque mate. En alguna oportunidad se me planteó la pregunta
acerca de cómo abordar esta cuestión con niños preoperatorios que no han
llegado a construir las operaciones reversibles. En tanto no se ha llegado a la
reversibilidad seguramente ha de ser dificultoso para un niño llegar a
considerar anticipadamente las condiciones que determinan el jaque mate: el
desplazamiento de una pieza propia hacia un lugar desde el cual amenace al rey
enemigo, y a la vez éste esté imposibilitado de desplazarse a un lugar que
anule esa acción. Probablemente debamos esperar un poco para llegar a esto. Sin
embargo hemos hecho la experiencia de relatar y describir la situación, primero
de amenaza a la seguridad del rey contrario, y luego la de una amenaza que signifique
una supresión de esa pieza como personaje (uno de los recursos ha sido el de
figuras dibujadas en un libro, las cuales representan la lucha en una batalla,
de un soldado que representa a un peón, y un caballero con armadura que
representa al rey, y en la cual el peón amenaza seriamente la integridad del
rey, pariendo su espada). Ante la pregunta de ¿quién gana el juego?, es usual
que respondan casi sin dudas: “el que mata al rey”. Esta respuesta no significa
que de repente hayan adquirido las nociones reversibles, pero sin duda es una
respuesta anticipatoria y propia de la capacidad simbólica del período
egocéntrico, en la cual los esquemas simbólicos han permitido asimilar los
elementos ficcionales que necesariamente tiene una situación terminal de un
juego de estrategia que representa una batalla entre dos ejércitos, y que
anticipan la idea formal del jaque mate. En un esbozo de partida (que puede ser
grupal) es probable que no se llegue a producir el jaque mate, pero hemos
comprobado posiciones de amenaza a otras piezas e incluso al rey (situación que
muchas veces es interpretada como la “muerte” del rey). No es casual que este
concepto tan definitivo para la formalidad del juego participe de el contenido
ideativo por excelencia de cualquier niño de esta edad: la idea de “muerte” es
“la idea” en la mente de un niño de cuatro o cinco años, y significa otro hito
importante en el desarrollo del pensamiento infantil, desde el punto de vista
que se lo considere: es posible considerar esta idea de muerte como la
elaboración de contenidos ideativos y afectivos relacionados con la
constitución de pautas de subjetivación a partir de la actualización de
complejos afectivos familiares como el llamado “complejo de Edipo”. Además,
desde este mismo punto de vista, el pensamiento propiamente dicho (bajo la
forma del juicio) comienza con el acto de la negación.
Cuando los
chicos de cinco años preguntan qué quiere decir “jaque mate”, les decimos nada
menos que lo que quiere decir: “el rey está muerto”. Y seguimos jugando.
Esta última
consideración reúne especulaciones que no hemos elaborado con la profundidad ni
la seriedad que seguramente exigen. Pero el interés de presentarlas apunta a
generar algún tipo de discusión abierta sobre el tema.-
Notas:
1. Piaget,
Jean. Biología y Conocimiento. pag.
17.
2. Piaget, Jean. Seis
Estudios de Psicología. pag. 76.
3. Piaget,
Jean. Psicología del Niño. Pag. 131.
4. Piaget, Jean. Seis
Estudios de Psicología. pag. 97.
5. Piaget,
Jean. Psicología de la Inteligencia. Pag.148.
6.
Piaget, Jean; Inhelder, Barbel. Psicología del
Niño. Pag. 65.
7. Dirección
del Área de Educación Inicial e Instancias Educativas Complementarias.
Secretaría de Educación. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
8. Ferreiro
Emilia, Teberosky, Ana. Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño. pag. 22.
9. Ídem
anterior. pag.23.
10. Ídem
anterior. pag. 32.
11. Ferreiro Emilia. Psicogénesis de la
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Otros temas del 7mo. congreso de profesores de Ajedrez
Táctica
y estrategia (por Enrique Scarella y Alejo de Dovitis)
Ejercicios
de táctica (por Enrique Scarella y Alejo de Dovitis)
Las
habilidades intelectuales y el ajedrez (por Jorge Laplaza)
Mensaje
del Sr. Howard Gardner para el 7mo. Congreso
Mensaje
del Sr. Ferrán García Garrido para el 7mo. Congreso
Teoría
y Práctica de una Didáctica en Construcción (Marcelo Reides)
Primer
ajedrez de Buenos Aires (Fernando Auciello)
Partidas
decisivas (por Enrique Scarella y Alejo de Dovitis)