Mensaje especial para el VII Congreso de profesores de Ajedrez y su Didáctica de Buenos Aires, de parte del profesor y escritor español Ferrán García Garrido, autor del libro “Educando desde el Ajedrez” Ed. Paidotribo, España 2001 (email: paidotribo@paidotribo.com) y que tuve el honor de recibir luego de que él leyera mi artículo sobre las habilidades de la Inteligencia y el ajedrez, comenzando, por ello una fructífera relación a través de la red. Fue la manera del autor catalán de estar con nosotros en el Congreso.

Jorge Laplaza

 

 

Sras y Sres. participantes en el VII Congreso Nacional de Profesores de Ajedrez y su didáctica:

En primer lugar mis agradecimientos al Sr. Jorge Laplaza por su amable invitación a expresar unas líneas en este prestigioso VIIº Congreso, con motivo de la aparición, a inicios del presente año, del trabajo “Educando desde el ajedrez” y por su relación con los temas centrales del presente evento. Me enorgullecen por descontado, y en mayor medida viniendo de él, los elogios que Jorge ha hecho del mismo públicamente; así como también me enorgullece la posibilidad de que ustedes me dediquen su atención.

 

Me gustaría añadir, no obstante, y como él ya sabe, que el libro fue entregado a editorial a finales de 1998 cuando yo todavia no conocia a Jorge ni, por descontado, sus brillantes y originales métodos, trabajos y reflexiones en referencia al Ajedrez en medio escolar y educativo. En este sentido, me siento en deuda con él por su omisión en dicho trabajo, pese a que sus aportaciones, trayectoria y experiencias al respecto merecerían bastante más que una citación en un  solo volumen; y sí en cambio una publicación personalizada en trabajo monográfico como espero que en breve pueda realizar conjuntamente con su equipo.

 

Pude, asimismo pasada la entrega del libro, comprobar también entonces, y ahora corroboro nuevamente, la elevada sensibilización que existe sobre el tema en Argentina. Esto es muy importante. Y mucho más el hecho de que los temas a conferenciar, exponer y debatir se refieren todos ellos a la base educativa y en mayor proporción a temas de psicologia y pedagogia de manera directa, lo cual en mi opinión aportará razones de ser sólidas para el Ajedrez entendido en esa dirección que nos hace estar aquí y ahora en estos momentos.

 

Esbozando pues una pincelada al motivo axial de la ponencia de Jorge Laplaza, me permitiría observar que uno de los puntos clave del planteamiento del Ajedrez en relación con la inteligencia -entendida esta de una manera general- estriba en la posibilidad de que exista TRANSFERENCIA de habilidades mentales -adquiridas desde nuestra especialidad: el Ajedrez- , en potencia de ser aplicadas en mayor o menor medida a otras áreas educativas o situaciones reales.

 

El Ajedrez lo entiendo como un escenario común de habilidades de diversa especialidad mental: rapidez de pensamiento, capacidad de adaptabilidad y de reacción ante lo inesperado, niveles de búsqueda ramificada de soluciones y o recursos, disciplina mental, agilidad, discriminación lógica de posibilidades, capacidad memorística a corto y largo plazo, etc .. y algunas más. En definitiva, habilidades metacognitivas o, dicho de otro modo, de procesos subyacentes que, por lo general, son mucho menos definibles o percibibles que los tradicionalmente cognitivos -los que nos entran directamente por los sentidos-.

 

En edades infantiles o preadolescentes o en medios de enseñanza en general, si la transferencia realmente existe, ésta resultará útil en todo lo referente al aprendizaje; principalmente al seguimiento del proceso educativo en todas sus variables por parte del alumno, fundamentalmente, al planteamiento general o a los razonamientos que utilice en ese medio. Esto se refiere al saber aprender o, mejor dicho, a la adopción de un estilo útil de aprendizaje.

 

Cuando las habilidades adquiridas o transferidas se aplican a planteamientos más personales, referentes al comportamiento o a la resolución de dificultades o situaciones que eventualmente le surgirán en su realidad social y familiar y en términos de vida cotidiana; entonces el alumno estará utilizando Pensamiento Crítico. Esto hace referencia a saber pensar o, mejor dicho, a aplicar el pensamiento con criterios razonables con la máxima eficacia.

 

Pero... ¿cuál es la realidad de todo ello, entonces? Realmente... ¿Existe transferencia?. Estadísticas aparte, la experiencia nos muestra que no todos los alumnos llegan a desarrollar las habilidades que se requieren para el Ajedrez de cierto nivel. También sabemos que, de entre los que las desarrollan, aparentemente pocos las transfieren a otra disciplina o a su forma de actuar o de pensar y, aparentemente, su comportamiento inteligente responde a su naturaleza pensante independientemente del Ajedrez.

 

Finalmente existe con toda probabilidad un último y reducido grupo cuyos componentes, de manera consciente o inconsciente, aplican puntualmente algunas habilidades -principalmente en la toma de decisiones o el análisis- en el momento en que el escenario de decisión o actuación le resulta semejante al que se encontraria en un estado puntual del juego. En ese momento aplica procesos inteligentes o elabora estructuras de decisión parecidas o semejantes a las que utiliza con el Ajedrez, (consciente o insconscientemente- ambas serian válidas aquí). Es por tanto en el proceso de Pensamiento Crítico donde se aplica la habilidad transferida. (Aquí el punto fuerte es el razonamiento lógico).

 

Sería, no obstante, mayormente interesante y preciso a la vez aplicar las habilidades adquiridas del Ajedrez a la metacognición; es decir, a elaborar estrategias para mejorar la calidad sobre nuevos aprendizajes, hacia el terreno de lo que en general conocemos como Técnicas de Estudio. Sin embargo estos procesos suelen ser para el alumno, difíciles de conocer, asimilar, tomar consciencia de ellos o conocer el estado del  proceso en que se encuentra a cada momento y, mucho más aún, de haber encontrado, por si mismo previamente, puntos en común entre la dinámica de la partida de Ajedrez y la dinámica del proceso cognitivo que él percibe o trata. (Aquí el punto fuerte es la memoria en todas sus variantes, y la capacidad de agrupaciones de figuras y de técnicas de reproducción de partidas y de posiciones por lo que se refiere al terreno del Ajedrez.).

 

Pienso pues que este desconocimiento de los procesos mentales que pueden elaborarse y transferirse desde el Ajedrez puede tener en parte su origen en determinados dèficits en la semántica utilizada hacia las microunidades que constituyen la verdadera esencia o quintaesencia del Ajedrez, o que hacen referencia a su sentido profundo. Me refiero a unidades sensiblemente más complejas de definir que con las que actuamos habitualmente los educadores de Ajedrez como puedan ser los motivos tácticos o los conceptos estratégicos más clásicos referentes a la técnica en general. Cierto es que éstos, por si mismos, ya son efectivamente, unidades semánticas -de cierta profundidad- y con ellos los alumnos, jóvenes ajedrecistas, trabajan y aplican su pensamiento estratègico en el transcurso de sus partidas, y con ellos mismos trabajamos los educadores para mostrarles en unos primeros niveles de complejidad las unidades definibles que creemos necesarias para valorar posiciones.

 

Existen, pues, infinitud de posibles unidades semánticas (“aperceptivas”) que son inherentes a cada posición posible del tablero de ajedrez y que también requieren de aquellas primeras, situadas a un nivel menos profundo y cercano al superficial.

 

A mi entender, de existir estas “definiciones profundas de situaciones” deberian formar parte de ese diccionario semántico habitual del argot ajedrecístico ya que, cuanto menos, deberían a ayudar a expresarnos de una forma algo más estandarizada sobre elementos pertenencientes a la parte más metafísica del Ajedrez.

 

Pero dado que, por otro lado, las posiciones son pràcticamente infinitas, no podemos pensar en una semántica que incluya cada uno de los escenarios posibles. Sin embargo, sí nos podemos plantear la posibilidad de cubrir un buen número de “situaciones profundas” estableciendo primero un número razonable de posiciones “tipo” que puedan producirse desde el establecimiento previo de diferentes niveles gradativos de dificultad  analítica en función del número de agrupaciones significativas del primer nivel de profundidad que existan.

 

En suma, me estoy refiriendo pues a la posibilidad de incrementar o reforzar -aunque sea con una nomenclatura o código interno y al nivel de complejidad que decida cada docente o autor- las unidades semánticas de la lengua ajedrecistica a favor de los conceptos referidos al -permítaseme llamarle reiteradamente- “Ajedrez profundo”, sin que para ello al analizar una posición tengamos que recurrir a la  forzosa repetición o agrupación ocasional de tres, cuatro o varios más  conceptos de entre las veinte, treinta, cuarenta o más definiciones tácticas o estratégicas que usamos de manera combinada habitualmente para referirnos a posiciones.

 

Tal vez este esfuerzo por definir los escenarios de la partida desde conceptos mayormente esquemáticos y conceptuales unido a su plausible tratamiento, nos ayude a todos -profesores y alumnos- a “movernos con mayor velocidad, claridad y soltura cuando nos refiramos a la estructura profunda de las posiciones de Ajedrez obteniendo, de este modo, mayores posibilidades de establecer comparaciones por semejanza en situaciones en las que se requiera pensar inteligentemente, o bien estructurar un nuevo aprendizaje de otra naturaleza distinta al Ajedrez y se pueda pues producir transferencia en tales circunstancias.

 

Me quedo en este sentido con la cita de John Nisbet y Janet Schucksmith: “Creemos que la mejor manera de que los niños aprendan a aprender es la enseñanza directa de diversos niveles de habilidades y estrategias, unido esto al esfuerzo del profesor para suscitar un cierto grado de autoconsciencia y autocontrol del proceso de aprendizaje”.

Este papel del profesor en la búsqueda del grado de autoconsciencia y autocontrol del proceso mental profundo por parte del alumno debe ser nuestro objetivo final. Debemos reconocer, no obstante, que las fórmulas para llegar a ello no estan todavia demasiado analizadas ni la realidad educativa -exigente por encima de todo en el cumplimiento de horarios laborales y programaciones curriculares- permite, por lo general, demasiadas alegrías ni tiempo destinado a la investigación.

 

Valga pues esta breve idea que dejo en el aire como un elemento de reflexión futura y como mi pequeño grano de arena a este 7º Congreso Nacional de Profesores de Ajedrez y su didáctica del que ustedes están ya siendo protagonistas y en el que sin duda, y como en años anteriores, van a encontrar innumerables razones educativas en el camino hacia ese otro objetivo más general para nosotros, los educadores, de que nuestro Ajedrez vaya encontrando el lugar que realmente merece por sus indiscutibles  cualidades psicopedagógicas.

 

Mis mejores deseos.

Reciban un cordial saludo desde Catalunya y desde España.

 

Ferrán García Garrido

 

Barcelona, 8 de diciembre de 2001.

 

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