HACIA NUESTRA IDENTIDAD PROFESIONAL, el profesor de ajedrez como docente mediador.

En los últimos tiempos, las escuelas y las instituciones deportivas y culturales se han vista gratamente sorprendidas por la gran afluencia de ajedrecistas comprometidos con la enseñanza del llamado juego ciencia.

Con esto se plantea un interesante y reflexivo debate en los ámbitos de la educación. Encontramos, por una parte, quienes sostienen que deben enseñar ajedrez en las escuelas sólo maestros o educadores acreditados para tal fin y, quienes contraponen esta afirmación argumentando que son los jugadores-ajedrecistas lo más capacitados; ya que son los que mejor manejan los elementos técnicos del ajedrez.

Quizá ninguno deba excluirse, sino complementarse en un intercambio de mutuo enriquecimiento pedagógico.

Si bien hasta la fecha no ha habido un acuerdo común para poner luz a esta discusión, me permito proponer una tercera alternativa: maestros y/o ajedrecistas como mediadores del proceso de enseñanza y aprendizaje del ajedrez escolar.

Esta nueva figura queda planteada desde el punto de vista de un enfoque no directivo de la educación, donde se propone una enseñanza centrada en el alumno, tendiendo a formar su personalidad a través de las vivencias propias y sociales que el docente mediador le facilitará.

Se presenta así al profesor de ajedrez como un agente mediador del proceso de enseñanza- aprendizaje. Es decir, como multiplicador de nuevas estrategias didácticas y como posibilitador de experiencias y habilidades intelectuales.

De esta manera, el mediador, puede ser indistintamente un docente capacitado en el ajedrez o un ajedrecista capacitado en las esenciales teorías pedagógicas.

Si esto fuera aceptado, la función del mediador consistiría en seleccionar aquellos estímulos y estrategias cognoscitivas que considere más apropiados; transformándolos y planificándolos en un determinado orden de ejecución programática.

Es sabido que el individuo que aprende lo hace dentro de un marco sociocultural del cual forma parte activa, por eso, el mediador "mediatiza" ese marco permitiendo que el propio sujeto pueda enriquecer su matriz de aprendizaje.

De esta forma, el mediador, enriquece la interacción entre el niño que aprende y el medio sociocultural que estimula y condiciona su marco referencial.

El profesor de ajedrez como docente-mediador podría cumplir con dos aspectos fundamentales en la programación didáctica de la enseñanza del ajedrez, estas serían:

A) Diseñar y facilitar las estrategias cognoscitivas que posibiliten la apertura de aprendizajes significativos.

B) Trabajar con la socialización del sujeto que aprende, a través de contener su mundo afectivo por una parte, y de favorecer su integración social con el medio por otra.

Por todo lo dicho, es necesario que logremos una clara jerarquización del cargo y una rigurosa profesionalidad del docente mediador de la enseñanza del juego ciencia.

Porque la jerarquización y la profesionalidad no pueden quedar libradas a la espontaneidad de la intuición como única herramienta educadora. Necesitamos una mejor capacitación de todos los recursos humanos, que se llevarán a la práctica áulica, a través de una formación pedagógica: sistemática, sostenida y permanente.

Por otra parte sabemos que el ajedrez ha ganado prestigio en el ámbito educativo, ya que se sostiene que su incorporación sistemática en la escuela permitiría en el alumno, la adquisición de destrezas intelectuales como ser la capacidad de identificar la información relevante para un problema dado, para interpretarla, para clasificarla de forma útil y para buscar relaciones entre la información nueva y la adquirida previamente.

Esto es de suma importancia ya que permite que estas puedan generalizarse y aplicarse a una gama amplia de situaciones escolares como extra-escolares, lográndose una interesante integración interdisciplinaria.

El mecanismo que se puede utilizar para su implementación escolar o deportiva sería el del taller de juegos educativos, siendo el ajedrez uno de los máximos exponentes, aportando los siguientes beneficios.

* Revalorizar la necesidad y el valor pedagógico y formativo que tiene en nuestros niños; percibiendo que la escuela o el club es un espacio lúdico donde existe la libertad creadora de jugar porque jugando también se aprende.

* Propiciar un mejor encuentro con el medio social en que se desenvuelve el sujeto, favoreciendo una eficaz socialización de sus participantes entre sí y con la comunidad.

* Favorecer su mundo afectivo al centrarse en el alumno y atender sus aptitudes, necesidades e intereses individuales y grupales.

* Estar al servicio del desarrollo del intelecto ya que entrena las capacidades y estrategias intelectuales.

* Convertir el aprendizaje del ajedrez en algo placentero, formativo y divertido.

* Proponer el ajedrez como juego formativo porque estimula y mejora la situación de interacción que se produce entre la inteligencia cognoscitiva y la inteligencia emocional.

Anteriormente he hablado de la figura del Mediador, por lo que se hace necesario desarrollar su perfil pedagógico.

El educador frente a una situación cotidiana de aprendizaje sabe que en el momento de enseñar, parte de dos niveles evolutivos: uno real y el otro potencial. Ambos serán construidos y trabajados como un proceso de aprendizaje circular y no lineal; a través de una evaluación sistemática de las capacidades y progresos del individuo.

Es aquí donde entra en juego el papel del mediador, quien cumpliendo las funciones arriba referidas, favorece un mejor y eficaz aprendizaje en el sujeto; contribuyendo de esta manera a avanzar e impulsar su nivel de desarrollo potencial. Esto se puede lograr aprovechando los conocimientos previos de la persona y atendiendo a maximizar su potencialidad cognoscitiva, donde la intervención del mediador a través de una metodología orientadora pueda facilitar que el niño construya su propia matriz de aprendizaje; redefiniendo sus estructuras previas y transformando sus esquemas de acción.

Es claro que la propuesta del MEDIADOR (ajedrecista o maestro) se basa en un aprender interactuando con un "otro significativo" y con el medio social y afectivo en el que participa activamente.

Por todo lo argumentado, creo que el ajedrecista debidamente entrenado o el maestro especializado en el manejo técnico del ajedrez, pueden y deben constituirse en MEDIADORES.

Partiendo del supuesto básico que ambos están capacitados para el buen ejercicio de la docencia; me permito proponer la formación y capacitación de los MEDIADORES en el ámbito de la enseñanza del ajedrez. Esta capacitación tendría que abarcar como mínimo las siguientes problemáticas:

A. Etapas evolutivas del niño y del adolescente.
B. Las teorías de la práctica educativa.
C. Características del proceso de enseñanza.
D. Aprendizaje centrado en el alumno.
E. La dinámica de grupos y las relaciones interpersonales.
F. El docente, la investigación en el ajedrez y La intervención transformadora.
G. La evaluación en el proceso.
H. La propuesta metodológica en e marco de una didáctica centrada en el alumno.

El abordaje de tales cuestiones dará la posibilidad de que el docente de ajedrez esté en condiciones de "mediar" en el proceso educativo a partir de una acción sistemática que permita:

. Planteamiento claro de objetivos a la luz de los fines que se persiguen.
. Elaboración de un programa que respondan a los objetivos seleccionados.
. Selección de estrategias de acción y de los recursos más adecuados.
. Establecimiento de criterios, técnicas e instrumentos para evaluar los objetivos.
. Interacción de todos los elementos anteriores en función del grupo concreto.

Estos son los requisitos centrales que debieran adquirirse para el buen desempeño del cargo al frente de la enseñanza del ajedrez para desarrollar un "ajedrez formativo" en nuestros niños.

Para finalizar, necesitamos comprender que es esencial que el MEDIADOR DEL AJEDREZ pueda asumir una actitud formativa que posibilite el desarrollo de una personalidad integral del sujeto que aprende.

Lic. Alejandro Rubén MORETTI.

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