Una partida especial:
Juegan el profesor y uno de sus discípulos

   Un momento ingrato y al mismo tiempo de satisfacción y emoción llega a las mentes de los ajedrecistas que van a enfrentarse cuando han sido, uno discípulo y el otro, su maestro o su entrenador (al hacer esta aseveración estoy pensando en personas intelectualmente honestas, que no están afectadas por la envidia que suele afectar las pasiones humanas). Un discípulo sincero, si pierde, más allá de la contingencia del resultado, debiera tener el consuelo de que ha perdido nada menos que con su maestro, y al entrenador si le toca perder, debiera sentir que su obra didáctica, ha sido altamente satisfactoria. En ambos casos darán todo de sí (como por otra parte es natural en cualquier juego o arte), sobretodo para no defraudar uno al otro, y hasta es posible que los nervios hagan alguna travesura extra.
   También cuenta que ambos se conocen muy bien, fundamentalmente en su "intimidad ajedrecística", conocen sus vicios, virtudes, gustos, sus métodos de entrenamiento, su forma de analizar, etc. En lo personal, si me hubiera enfrentado a Jorge Laplaza poco después de 1975 (cuando fui su discípulo), no me hubiera sorprendido que con negras escogiera el sistema "Hipopótamo" que aparecía en el viejo libro de Keene de la defensa Moderna. Es más, hubiera supuesto que lo haría: aún recuerdo sus opiniones sobre este, entonces, incipiente sistema, que llamábamos "hipopótamo" porque la posición defensiva parecía muy insignificante como los ojitos del paquidermo que apenas sobresalen del agua, pero cuando lo molestan aparece con su enorme tamaño y fuerza, y al que recomendaban practicar, los teóricos que Jorge nos traía al club, Moisés Studenetzky y Hebert Pérez.
   La partida que brevemente comento, muchos recuerdos trajo a mi mente, ya que ver una partida entre Guillermo Bianchi y Jorge Laplaza, me trajo inmediatamente a la memoria aquel equipo juvenil de Villa Martelli, campeón metropolitano juvenil de 1975 que integré, el que tenía, además de su fuerte juego, entre sus virtudes, una gran solidaridad y afecto entre sus integrantes, quienes nos sentíamos verdaderamente amigos, equipo del que su primer tablero y capitán, era Bianchi, y su entrenador era Laplaza.
   Recordé los consejos que da Jorge en sus "50 reglas de oro para el profesor de ajedrez" en lo que hace a la relación y trato que debe dar el entrenador al primer tablero. Jorge conocía el talento de Guillermo, su habilidad táctica, de su estilo de juego agresivo, entre otras virtudes, de su gusto por iniciar las aperturas con gambitos raros como dejar el peón rey en el aire en la Siciliana con c3, pero también sabía de su poco apego al estudio de las aperturas "normales", y de su deseo de salir de caminos trillados, lo que indudablemente debió reforzar su convicción de que debía jugarle el sistema Hipopótamo cuando les tocó enfrentarse. A la luz del juego de Guillermo en la apertura, me parece, que debió sorprenderse por la elección de Jorge (su retorno con 8.-Ad3, demuestra poca satisfacción con la ubicación dispuesta para el alfil en c4, que, obviamente es más fuerte allí, contra una defensa Pirc, que quizás era la que suponía iba a desarrollar Jorge) lo cual me induce a creer que no contó con la "audaz" elección de Laplaza, es decir, descuidó el preparamiento psicológico al enfrentarse con su entrenador, una omisión que aquí le resultó fatal.

Bianchi, Guillermo - Laplaza, Jorge
Abierto Zarate-Brazo Largo 1976

Ronda 8, jugada el 11/12/1976
ECO "B06"

1.- e4, g6; 2.- d4, Ag7; 3.- Cf3, d6; 4.- c3, Cd7; 5.- Ac4, e6; El hipopótamo en acción. Como dijera, era muy previsible conociéndolo a Jorge, y las características del juego de Guillermo, sumamente agresivo, y poco afecto entonces, a estudiar aperturas.
6.- O-O, b6; 7.- Te1, Ab7;

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8.- Ad3,
Esta jugada demuestra que Guillermo no está a gusto con la posición, en todo caso, a esta casilla debió dirigir su alfil rey en la jugada 5. Ahora debió continuar con el desarrollo de sus piezas con Cbd2, o bien Ca3 para mantener la coherencia de su desarrollo. Después de 8.- Ad3, la posición está igualada. 8.-... Ce7; 9.- Cbd2, O-O; 10.- De2, a5; 11.- Cf1, a4; 12.- Tb1 El principio de un plan equivocado, que no hace sino justificar la incursión a5-a4 de las negras, que por supuesto conllevaba la intención de instalar en el futuro un caballo en c5, pero la idea de jugar b4 por parte de las blancas, en esta situación, no es acertada. 12.-... e5; 13.- b4, (era mejor continuar con Cg3) 13.-... axb3; 14.- axb3, exd4; 15.- cxd4, Cc6; 16.- Ab2, Cb4; 17.- Ac3, Cxd3; 18.- Dxd3, Cf6; 19.- C3d2, Te8; 20.- Cg3, h5; 21.- f3, Aa6; 22.- Dc2, h4; 23.- Ce2, Ch5; 24.- Cc1, d5; Conforme explicaba el sistema Jorge, me parece escucharlo, "asoma sus ojitos el hipopótamo, pero cuando aparece…"; se despertó, diría para redondear la expresión. Las negras tienen ventaja.
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25.- e5, c5; 26.- Cf1, Cf4; 27.- b4, Axf1; 28.- Rxf1, c4; 29.- Ce2, Cxe2; 30.- Txe2, Dd7; 31.- h3 Ta3; 32.- Ae1, Ah6; 33.- Axh4,
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Txf3+! 34.- gxf3, Dxh3+; 35.- Tg2, Dxh4;
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36.- Ta1?, Guillermo pretende llegar a la nulidad por medios tácticos, pero esta jugada es otro error, con Th2, aun había posibilidades de salvación. 36.-... Dh1+; 37.- Rf2, Dxa1; 38.- Txg6+, Rf8; o bien Ag7, era obvio que si se captura la torre, arribamos a una posición de jaque perpetuo por parte de las blancas. 39.- Txh6, Dxd4+; 40.- Rg2, Dxe5; 41.- Txb6, De1; 42.- Rh3, Df1+; (Dh1+ era más concluyente.) 43.- Dg2, Dxg2+; 44.- Rxg2, Tc8; 45.- Th6, Re7; 46.- Rf2, Tb8; 47.- Re3, Txb4; 48.- Rd4, Tb5; 49.- f4, Tb7; 50.- Rxd5, Tc7; 51.- Th2, c3; 52.- Tc2, Rf6; 53.- Re4, Re6; 54.- Re3, Rf5; 55.- Rf3, Tc6; 56.- Re3, Th6; 57.- Rd4, Th3; 58.- Tf2, Tg3; 59.- Rc4, f6; 60.- Rd4, Th3; 61.- Tc2. El error final, pero de todos modos, era cuestión de técnica ganar el presente final. Las blancas abandonaron sin esperar respuesta. 0-1.

La competencia entre alumno y maestro enriquece a ambos, por cuanto las expectativas que despierta, no son comparables a ningún otro enfrentamiento, sobre todo desde el punto de vista del alumno, y la mera circunstancia de que triunfe el alumno, para nada significa que "ha superado las enseñanzas del profesor, que ya no lo necesita", sería ingenuo, y hasta absurdo suponer esto. Entre otras cosas, el alumno quiere demostrar que ha asimilado las enseñanzas, que el profesor no ha perdido su tiempo con él, más allá del resultado.
De hecho los jugadores de elite que se están preparando aún para un campeonato del mundo, requieren los servicios de un entrenador, al que seguramente superan en la partida viva, pero que los enriquece en el plano teórico-práctico.
  Es un enfrentamiento que conlleva a profundas meditaciones, y que tiene consecuencias de gran provecho para ambos, que enumerarlas y desarrollarlas, escapa al objeto de este artículo, pero como colofón ilustrativo, recuerdo una anécdota que le tocó vivir al mismo Jorge Laplaza:

    Un alumno suyo, Darío Pucheta, quien tendría alrededor de 16 años al momento de este relato, ganó en forma brillante el campeonato provincial de Chubut en la ciudad de Esquel, y entre sus derrotados figuraban importantes jugadores locales pero con gran figuración nacional, como Galindo, Walicki, y el mismo Laplaza, situación que fue aprovechada por los periodistas para preguntarle si ahora iba a rechazar a su profesor (Laplaza), a lo que Pucheta respondió que "nunca, ya que siempre aprendía algo nuevo, y no era cuestión de quien ganaba, sino de cuanto él seguía formándose".

Sergio Díaz

Otras colaboraciones de Sergio Díaz: Etica y moral, la dignidad del ajedrecista