La historia de Hugo

Hugo M. era un niño diferente. Habría nacido alrededor del 69 en Sierra Rosada, un remoto paraje en el medio de la provincia en la sierra patagónica a la que solo llegaba al fin del verano, el compraor de lana a algunas estancias. Ni él sabía cuando. Su mamá lo habría abandonado cuando era bebé, para irse con alguien a la ciudad. Su padrastro no lo reconocía y algunas versiones que escuché eran contradictorias, pero ´él sabía que la fecha que figuraba en su documento no era exacta ni mucho menos y élpensaba que era dos años mayor porque se habían olvidado  ese tiempo en registrarlo. De cuidar ovejas y el campo desde chico sabía mucho. Cuando cumplió la edad suficiente siguió a sus hermanastros al Internado de Playa Unión. A cientos de kilómetros. Arza, que era el único que entraba al remoto campo para llevarse la lana los traía en marzo y los devolvía en diciembre.

El director de la escuela no acertaba a controlar su hiperactividad y liderazgo en el fútbol donde mandoneaba a los chicos y era autoridad entre ellos. Se propuso domarlo y me llamó cuando empezábamos a proponer el ajedrez en la escuela. Aprendió rápido y pronto les ganaba a casi todos. Sus esquemas mentales FUNCIONABAN DISTINTO DE SUS PAUTAS CULTURALES. APRENDIÓ UNAS POCAS REGLAS Y firmemente las empezó a usar para sus victorias sorprendentes. Cuando intervino en su primer campeonato de mayores de la provincia en Comodoro, se notaron sus faltas, pero se asombraban de que un chico así tuvera tanto nivel. Al tiempo lo invité a ir a Buenos Aires a un torneo de cadetes. Lo quería llevar junto a otros chicos a Villa Martelli, el Benito Saiz de comienzos de los 80..Para dar con él (estaba ya de vuelta en Sierra Rosada ya que era en enero), la policía montó un difícil operativo de comunicación hasta que se llegó un agente a la sierra. Este lo llevó hasta la ruta a caballo, unas 100 leguas y después de pasar por El Mirasol, el único poblado (de unas 200 personas en el camino). Llegó justo a tiempo a Trelew para tomar el avión. Faltaba media hora para salir y nos avisaron del éxito del operativo. Era lógicamente su primer viaje en avión. Todo le sorprendía. El tren, la escalera mecánica, la cantidad de autos  Todo. Jugó el torneo y salió por la mitad,. pero sorprendía por que todos ya sabían de su historia, sus carencias y de su origen tan remoto. La Casa del Chubut llamó a un periodista de la revista La Semana y le hicieron un reportaje en el aeropuerto titulado demasiado pomposamente "el Najdorf de la Patagonia" una hoja que, con foto y todo, siempre conservó cerca de su cama. Después fue a otro campeonato argentino de cadetes en Buenos AIres y salió bastante bien, por la mitad de la tabla. Sus éxitos en el juego rápido eran frecuentes. Cuando terminó la primaria los maestros sugirieron que se quede, que no vuelva a la sierra solitaria para hacer la secundaria. Pero Hugo ya era el inquieto indomable con algun rasgo de soberbia por sus aprendizajes. De la escuela me decían que se aprovechaba, que no estudiaba y lo querían echar del bulincito que le habían prestado. Se volvió vago y nada de estudiar, al ajedrez ya no jugaba. Se iba a Trelew y a veces no regresaba en el dia.  Orillaba la calle y el ambiente reservado a los chicos de menores recursos.

Lo perdí de vista por unos 5 años. Creía que había vuelto al campo cuando se nos apareció en la librería con un amigo mayor y muy raro. Estaba muy cambiado y mal vestido, la cara contrahecha. Mantenía sus formas toscas, pero estaba gritón casi agresivo. Pero conmigo mantenía su agradecimiento por el nivel alcanzado. Contó que tenía problemas con la Ppolicía, que vivía en Trelew, donde fuere y había robado sin querer. Ya había salido en el diario, pero ya no por ganar en ajedrez.

<recién ahí dijo que estaba internado en el siquiátrico Santa Teresita y su amigo era un compañero ·"loco". Me quedé sorprendido, y lamentando lo que le había pasado. Fui rápidamente a ver a su médico. Diagnosticó esquizofrenia. Terrible. pero estaba cómodo con la asistencia, comida y lugar para bañarse y dormir. Vivir sin trabajar ya que a él eso de estudiar nunca le convenció pero sí sabía de hacer cosas con las manos o su fuerza. Durante años cuando lo dejaban salir me buscaba para pedirme unos pesos para los puchos y la yerba. Eran sus pasiones.Una vez el nuevo doctor Pellegrini me llamó tratando de probar con él los métodos nuevos que no incluyeran picanas ni pastillas. Solo terapia y comprensión. Y un renovado ajedrez en él que compartió con el maestro Albornoz un ex docente también internado.Salió adelante y se jugó un torneo en el hospital para celebrar la externación de ambos que corroboraba los métodos del doctor.  


Hugo, Egresado en 1982 con el Profesor Jorge Laplaza

Se volvió al campo, con sus hermanos, pero no lo querían atender. Regresó al tiempo a buscarme en Rawson.. Y quedó internado, ya en Rawson ya en Trelew, hasta ahora.

 

Me vino a visitar el otro dia. Como otras veces, venía a la capital, iba a la comisaría donde ya lo conocían de antaño y les pedía que me llamen por teléfono.

Esta ves me presentó a su novia, Claudita, paciente como él en el Amancay. Me impresionó las condiciones en que lo ví. Hablando pausadamente, siempre ansioso, pero tranquilo en general. Nada violento como me habían dicho y salió una vez en el diario porque había destrozado a un enfermero. Me contó que solo era así cuando alguien se oponía a sus simples necesidades como ir a comprarle cigarrillos. Comprendió que estallaba ante cualquier cosa. Ambos, Claudia y Hugo tienen ahora 35 años, se comportan en varias cosas como si fueran niños. “-Soy un chiquilín, profe, sabe como es eso?”- me dice. Y me recuerda un reto que le di cuando pasábamos por Bahia Blanca desde Mar del Plata Los dos admiten y saben que su enfermedad es incurable. La asumen con pastillas pero no les gusta. Sus descontroles son frecuentes. Hugo quisiera trabajar, de albañil, me dice, o de cualquier cosa, es fuerte y sano. Quiere volver a jugar al ajedrez. “Profe, soy el único alumno que le queda” argumenta, detenido en el tiempo en que sus compañeros frecuentaban la primera categoría chubutense y se convertían en campeones en mayores. “Sabe cómo juego?, les gano a todos en la clínica” Sostiene que pocos le ganarían. Ella, quiere volver al tenis ya que era buena a los 15 años cuando se enfermó. No hablan de casarse o algo por el estilo pero se comparten desde hace dos años con ternura y pareja devoción,  con ingenua simplicidad “Es bonita, no profe?”. Saben de los vicios que tienen. Me asombra que me lo cuenten con tanta prolijidad o conciencia. Ella quiere estudiar. Se ven con posibilidades de lograr hasta una casita propia. Piensan en algún plan “trabajar” (“pero quién si no hay nada para nosotros”) y veneran la acción del hospicio que los salva. Me preguntan qué pueden hacer. Tienen comida, cama y remedios, pero si alguien cree en ellos pueden. Me cuentan que no son peligrosos, que los que pasan frente al hospicio cruzan la vereda "porque piensan que les podemos pegar".

Muchas son la veces que he pensado cómo ayudarle a Hugo. El habla de mi como si fuera su padre postizo. Tiene una memoria impresionante. Se acuerda vívidamente de la mayoría de las partidas de ajedrez que le jugaba a los campeones, cada jugada, cada anécdota. Filosofa sobre la vida, las constumbres de la gente y sobre su propia historia. Sobre los valores, qué está bien y qué está mal. Pienso “no está  enfermo” y me entusiasmo. Sobre las cualidades de su Claudita, de lo que ella sabe cocinar y podría hacer si vivieran en su soñada casita, bien chiquita pero arregladita como es su esperanza. Habrá alguna forma de ayudarles? Siempre que propuse que viera a alguien fue rechazado. Como fue allá lejos en Sierra Rosada o La Ventana, o cuando estuvo en la ciudad o peor, en la cárcel. Ahora Claudia quiere impulsarlo a conocer a la mamá que vive, han averiguado en una chacra de Trelew, pero nadie le tendió una mano sólida. Saben que son rechazados por enfermos o por agresivos. Como que se disculpan ante mí. Le dí unos pesos para los cigarrillos y se volvieron a Trelew. Me dejaron con la esperanza que algo bueno puede sucederles, con esa esperanza e ingenuidad. Hugo volverá a jugar al ajedrez “ Se acuerda profe, cuando daban simultáneas en la plaza de Trelew aparecí y le gané a se maestro boliviano?. Se refería a una exhibición de Jorge Molina cuando hace unos 12 años estuvo en la zona y Hugo se apareció magnetizado por ver que se jugaba ajedrez en la plaza y, al verme, enseguida dejó su anterior noviecita de entonces para dedicarse con fruición a su pasión: su ajedrez, jugado a mil por hora, pero agresivo e incontenible ganador.

¿Qué te parece? ¿Tiene opciones? Yo creo que sí. Y aunque no soy especialista, escribo ésta a modo de oración, para que se cure o, `por lo menos, en sus carencias, que disfrute un futuro torneo como él sueña. Perdió, en alguna sala de internación, su ya famosa hoja de la revista La Semana, con su foto y el artículo que era su presentación. Ahora pareciera que la vida y sus intenciones le podrían dar esa posibilidad soñada de volver a ser, como alguna vez creo que hablamos en algún viaje. Amén.

Jorge..

 

Introducción
Hugo, un chico especial
Un niño muy generoso
El ajedrez me ayudó