Durante el Torneo Internacional en memoria de Carlos Torre Repetto, en Mérida, Yucatán, me parece que del año 1996 un niño ajedrecista originario del Estado de Campeche, México, al observar que su contendiente, un infante menor que él, se encontraba al punto del sollozo, ante su inminente derrota, nos ilumina a todos los asistentes al evento, con una lección de amor y de solidaridad que únicamente un niño es capaz. Ante el azoro de quienes presencian la partida, el campechano le otorga el triunfo al niño cabizbajo, al rival, quien parte feliz, dejando atrás su cara triste y su angustia, para contarle a sus padres su triunfo. Es oportuno decir que ese niño generoso era el puntero, y que por su quijotismo pierde el campeonato, cualquier palabra que se añada, esta de más.


Dr. Jorge Capó Vidal 
fundador de la Asociación Nacional 
de Padres de ajedrecistas, 
Actopan, Hidalgo, México

Introducción
Hugo, un chico especial
Un niño muy generoso
El ajedrez me ayudó