BOBBY Y MISHA, DOS CHICOS CON FUTURO
(O cuando los entrenadores pueden pronosticar el porvenir de su alumno).
Por Jorge Laplaza

Una de las preocupaciones importantes para un entrenador de ajedrez, sobre todo con infantiles, consiste en poder medir la capacidad de sus alumnos, ya que en muy pocos meses puede variar notablemente su aptitud para el juego acudiendo a misteriosas capacidades suscitativas que el propio juego desencadena en una mente muy joven. Los niños suelen no tener una competencia fluida o constante para medir un progreso que varía casi a diario. Por supuesto que muchos niños, los que (con mucha ligereza, a veces) llamamos "prodigios", se comportan a muy temprana edad, con características fuera de lo normal. Un nivel "normal" podría determinarse bastante fácilmente acotando una serie de conductas a lograr en el nivel escolar. Por ejemplo, y en promedio, un niño de 12 años que finalice un segundo año de ajedrez en la escuela con una frecuencia de dos horas por semana, debería lograr las siguientes conductas ajedrecísticas:
è manejar bien el valor absoluto de los intercambios de piezas (un ejemplo claro lo constituye el cambio de relativo valor de A y C vs. T y P).
è interpretar los valores relativos de los intercambios de un modo global.
è dominar la técnica de la combinación y "ver" procesos de obtención de ventajas, más o menos complejos, de 3 o 4 jugadas.
è confiar en su técnica de remate de una posición (sin la necesidad de comerle todas las piezas al rival para darle mate, por ejemplo).
è trabajar con las piezas correctamente (ejemplo: cuando valora un peón de ventaja y busca elementos estratégicos como la simplificación para imponerlo en un final).
è tener referencias del final simple como objetivo e imágenes de la transformación de ventaja.
è conocer unas pocas aperturas en detalle y como máximo de 6 a 10 jugadas teóricas (según la posición y en promedio) en las más practicadas (abiertas). Pero conocer los principios fundamentales del centro y del desarrollo aplicados a los planes iniciales.
è poder sostener una partida completa (por ejemplo, en simultáneas) contra un jugador de 2100 Elo) haciéndole relativa fuerza hasta el medio juego (en alguna ocasión definí como una marca de buen nivel que si en el medio juego un niño lograba una pieza de ventaja y la mantenía hasta ganar la partida, ese niño ya tenía en este estadio que estamos definiendo la marca del gran nivel).

Para los mejores no es suficiente

Pero este diagnóstico general no sirve, quizá, para el caso de los niños que aspìran al gran primer nivel, que son los que destacan aptitudes de precocidad. Entonces, ¿cómo calificar a estos niños que superan ese nivel? ¿cómo reconocer el genio? ¿cómo explicarle al padre (casi siempre, un ansioso que ha detectado algo especial en su hijo) cuándo será hora de cosechas?
Es necesario estar atento para captar las formas de la producción genial en el instante en que se producen, esperando dicho momento y sabiendo que este tipo de manifestaciones o jugadas son aisladas o discontinuas.
Hay que comprender el sistema pensante del ejecutor infantil en el contexto de su evolución mental. A una "genialidad" le sucederá un error "infantil". Sólo el tiempo, el entusiasmo y la perseverancia del niño pueden asegurar un real éxito. Y las templanzas del carácter o la inteligencia emocional aplicada al éxito, en un mundo competitivo agudo y agresivo. El profesor, padre o entrenador, debe observar sistemáticamente, registrar, analizar y realizar conclusiones sobre conductas clave. Muchas veces esto ha sido la causa de la preferencia de un maestro de ajedrez frente a un docente en proyectos de cursos de ajedrez. La luz, ese destello vital, lo ve sólo un experto. Pero el docente es quien asegura el trabajo posterior. Después de la detección del talento hay mucho trabajo para asegurarlo y para que no se pierda. Sin talento hay éxito con el esfuerzo y la constancia. Sin trabajo, no existe el talento. O por lo menos, no dará los frutos esperados.

v Bobby y Misha, dos chicos con futuro
Ú Bobby, un chico trabajador: ¿con talento?

Ú Misha, un talento, a la misma edad
Ú chicos con talento, ¿trabajarán?